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GORE VIDAL: "No entiendo cómo todavía tenemos la desvergüenza de hablar y hablar de democracia"
Gore Vidal comenta la política de Estados Unidos en el diario EL MUNDO (28 de octubre de 2001).


El polémico GORE VIDAL, analiza al presidente BUSH y hace una durísima crítica a su política, así como al american way of life. Afirma que el poder estatal va a aumentar peligrosamente, a raiz de los atentados de las torres gemelas. Y que la línea que separa la "democracia" de la dictadura está empezando a desaparecer en Estados Unidos.

ZANU, Noviembre 2001




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Se trata de un hombre que, a fin de cuentas, ha conocido a los símbolos que han definido los Estados Unidos del siglo XX y que ha influido en ellos. Fue amigo íntimo de más de un presidente, sufrió los ataques de Norman Mailer (tanto por escrito como en plena cara) y fue confidente a la vez del terrorista que puso la bomba en Oklahoma y del presidente Bill Clinton.

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A diferencia de toda esa gente que se ha apresurado a manifestar su total adhesión al presidente, Vidal mantiene vivo su mordaz desprecio por este tipo. Su padre ya fue «un caso perdido» y «cuando se tiene un caudal genético de baja calidad, no hay forzosamente que hacerlo más hondo para tirarse en él de cabeza, si se me permite completar esta grotesca metáfora».

A ojos de Vidal, Bush ha sido incapaz de ponerse a la altura de las circunstancias a raíz de los ataques terroristas. «Para los que tenemos buen ojo y buen oído para las notas falsas, cada una de sus notas es auténticamente falsa».

No es sin embargo su discurso, deslavazado e incoherente, lo que tiene más consternado a Vidal. «No, no; yo le juzgo por las medidas que toma. Evidentemente, su exigencia de que se le concedan todos esos poderes especiales nos mete hasta el cuello por el mismo camino que llevó a la Ley de Plenos Poderes de Hitler en 1933. Eso es lo peor que podía hacer».

Vidal considera que los nuevos poderes que Bush ha demandado para combatir el terrorismo van a acabar con la Declaración de Derechos. «Ahora resulta que van a poder meter en la cárcel a todo aquel que se les ocurra, que van a imponer silencio a todo aquel que les venga en gana. ¡Esos poderes, los poderes con los que cualquier Estado soñaría, los va a administrar ahora esta gente! El Estado va a salir de ésta con un poder desmedido, absolutamente desmedido, y nosotros, los ciudadanos, con el concurso del Congreso o sin él, vamos a salir mucho más debilitados. Dicho esto, diré también que nos sentimos orgullosos del hecho de ser los Estados Unidos de la Amnesia. Al día siguiente, no nos acordaremos de nada».

Lo que ha terminado por aflorar es nada menos que «un estado policial. No caben eufemismos... El fiscal general puede ya tomar medidas contra un terrorismo que nunca nos han descrito. Es como aquello de Hitler, de las actividades no germánicas. ¿En qué consiste una actividad no germánica?».

Todo esto encaja en el contexto más amplio de lo que Gore Vidal define como una república norteamericana en fase de destrucción progresiva desde el Gobierno de Truman, cuando grupos cada vez más represivos empezaron a apoderarse de las diferentes manifestaciones del poder gubernamental y pasaron a controlarlas.

Es este contexto histórico el que le lleva a condenar el nuevo imperialismo norteamericano que se ha lanzado con entusiasmo a la invasión de Afganistán. «No se me ocurre que pueda salir nada bueno de un país que se siente tan en posesión de la verdad que está dispuesto a imponer, de grado o por la fuerza, su sistema de vida al resto del mundo».

Lo cual es particularmente cierto en el caso de Estados Unidos, el sistema político más corrupto del planeta. «No entiendo cómo todavía tenemos la desvergüenza de hablar y hablar de democracia. Nuestra forma de democracia es el soborno, a la mayor de las escalas.

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No somos una democracia, y no tenemos absolutamente nada que ofrecer al mundo en lo que se refiere a ideas políticas o a medidas políticas. Pero, ¡por Dios, si mentar aquí la Justicia es como mentarle los dientes de ajo al conde Drácula!».

No conoce fronteras su desdén por la degeneración en que ha caído su patria. Apunta, por ejemplo, que Naciones Unidas sería «más fuerte si expulsara de su seno a Estados Unidos. Estados Unidos estaría entonces en otra órbita absolutamente aparte».

Tampoco le asusta seguir llamando la atención sobre la ilegitimidad del presidente George W. Bush: «Como mínimo, el Senado, que es al que le corresponde hacerlo conforme a la Constitución, tendría que haber llevado a juicio a cinco magistrados del Tribunal Supremo por haber adjudicado la Presidencia a Bush. Desde luego, dos de ellos tendrían que haberse retirado del caso por propia decisión. La mujer de Clarence Thomas estuvo trabajando en la contratación de personal para el Gobierno de Bush; ése es uno que no debería haber formado parte del Tribunal. El hijo de Antonin Scala estaba trabajando en el bufete de abogados que representó a Bush ante el Tribunal Supremo. No se ha hecho nada. Sin esos dos, la decisión se habría inclinado del lado de Gore».

Todas estas críticas podrían utilizarse fácilmente para acusar a Gore Vidal de antipatriota o bien, si se opta por colocarle la más manida de las etiquetas, de estar del lado de los terroristas. Sin embargo, se muestra manifiestamente encolerizado ante la naturaleza cruel del ataque terrorista del 11 de Septiembre: «Estoy en contra de la pena de muerte en general y, sin duda alguna, estoy en contra de su privatización».

Lo que él pretende es ver más allá de las imágenes espectaculares, tanto de las primeras, con los ataques terroristas, como de las de las represalias norteamericanas. «Mi misión consiste en tratar de hacer que la gente comprenda por qué ocurren las cosas. Vivo en un país en el que a todo el mundo se le inculca, desde su nacimiento, que nunca pregunte por qué. Ese individuo es el mismísimo diablo; ésa es la razón por la que hizo lo que hizo. Esa es la respuesta. Ese tipo es un demonio. Sólo con personas de un nivel de educación profunda y totalmente inexistente podría alguien persistir en semejante manera de razonar. Yo soy un protestante auténtico, así que protesto por tanta ignorancia. Y ésa es mi misión, nada popular, desgraciadamente».

Tiempo atrás, Gore Vidal fue un crítico feroz del respaldo de Estados Unidos a Israel, lo que le ha granjeado las consabidas acusaciones de antisemitismo.

¿Tiene la sensación de que los ataques terroristas constituyen el precio que Estados Unidos ha de pagar por su apoyo a la causa sionista? «En parte, sí, pero, en el caso de Bin Laden, se trata de algo más complejo... Lo que ha provocado la reacción de ese hombre ha sido la Guerra del Golfo y la actitud de la familia real saudí de autorizar a los norteamericanos que establecieran una base militar... Para Bin Laden, eso representaba un sacrilegio. Se trata de la tierra santa del profeta y los infieles no pueden estar allí bajo ninguna circunstancia... Bueno, yo diría que ese hombre está mucho más enfadado con la familia real saudí que con George W. Bush o con los estadounidenses en general. Nosotros no somos más que un instrumento ajeno que está alimentando una serie de elementos heréticos en su mundo».

No comparte Vidal la descripción que los medios de comunicación hacen mayoritariamente de Bin Laden como un fanático. «No ha dado ninguna muestra de fanatismo en ninguna de las historias que me han contado sobre él: parece más bien un seglar, lo que implica que quizá forme parte de un grupo. A mí me parece más como si fuera el consejero delegado, un organizador que recauda dinero, se encarga de las ventas y todo eso y que luego echa mano de esos enloquecidos que se suben ahí arriba y estrellan los aviones contra edificios».

Vidal trasluce un cierto grado de admiración por la forma en que Bin Laden ha sabido marcar los tiempos, cuando habla de «la brillantez de la operación, de la oportunidad de asestar el golpe cuando la depresión acaba de afectar a Estados Unidos y permitimos que vayan a la calle miles y miles de trabajadores. Europa está a punto de estrenar el euro, que yo creo que se va a convertir en el caos más formidable de todos estos últimos años. ¿Se da cuenta qué momento de desconcierto tan tremendo ha elegido Bin Laden para llevar a cabo sus planes contra Manhattan y el distrito de Columbia?».

Queda también la posibilidad de que se buscara adrede provocar a Bin Laden. Un diplomático paquistaní ha afirmado que Estados Unidos amenazó en julio con invadir Afganistán para atrapar a Bin Laden, lo que quizá signifique que el ataque terrorista al World Trade Center fuera en realidad una acción preventiva.

Vidal ha dedicado los últimos años a demostrar que Franklin D. Roosevelt provocó conscientemente el ataque a Pearl Harbor. ¿Es entonces de la opinión de que el siguiente gran ataque a territorio estadounidense, sesenta años más tarde, pudo tener similares características? «Bueno, eso es lo que analizábamos cuando le dispararon a Kennedy. Algunos que le conocíamos y que conocíamos Washington sabíamos también que Bobby Kennedy y él se habían empeñado en acabar con Castro desde lo de Bahía de los Cochinos. Lo primero que pensamos era que Castro se les había adelantado: al presidente lo había matado él. Bobby, que era en aquel entonces el fiscal general del Estado y que siguió en el puesto durante un año, lo que quiere decir que tenía al FBI bajo su responsabilidad, nunca lo investigó. No le apetecía nada meterse en ese asunto por miedo a que los hermanos Kennedy se vieran implicados en algo. Así pues, nunca se investigó ese caso de asesinato».

Entonces, ¿sería verosímil que hubiera mediado una provocación parecida de George W. Bush? «Sí, perfectamente verosímil».

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«Es muy importante comprender por qué un hombre hace lo que hace. Lo mismo puede decirse de Timothy McVeig, el terrorista de Oklahoma. Si Castro hubiera estado detrás de los asesinatos de los Kennedy, que no es así, tendríamos que reconocer que habría tenido sus razones. Los hermanos estaban empeñados todo el tiempo en asesinarle». En ese caso, según lo ve Vidal, Bin Laden no haría sino dar una respuesta a la política exterior de Estados Unidos.

Parece que las acciones terroristas han intensificado la tendencia de Vidal al aislamiento. Ha expuesto coherentemente su razonamiento de que Estados Unidos debería dar marcha atrás en sus obligaciones para con la Alianza Atlántica, Kosovo, Oriente Próximo y otros lugares conflictivos. Su visión es diametralmente opuesta a la de una «comunidad mundial» que defiende el primer ministro británico, Tony Blair. Vidal descalifica los planes de Blair porque los considera «manifiestamente virreinales» e impracticables «salvo que te dediques a elaborar una especie de anteproyecto de Gobierno mundial». Según él, el primer ministro británico está convencido de que «a los británicos les gustaría que les consideraran una gran potencia, un gran imperio...».

Lo más positivo que podría hacer Estados Unidos, en opinión de Vidal, sería parar la guerra. Está convencido de que «todos los que están al sur de la frontera con Rusia» son «maniático-religiosos» y que «bien pudiera ser que a nosotros nos hubieran dado un aviso sin tener el carácter de una provocación. No provoquemos, pues. Ese es el mensaje que yo creo que debo transmitir acerca de la política de Estados Unidos. El problema está en la provocación permanente en la que incurre Estados Unidos, que en general no obedece más que a la más completa ignorancia».

En la actualidad, Vidal vive en un exilio que se ha impuesto a sí mismo, en la cima de una montaña de Italia. De vez en cuando manda unos cuantos obuses intelectuales al otro lado del Atlántico: ideas de una penetrante agudeza que ponen de relieve la acomodaticia falsedad de la mayor parte de la cultura estadounidense. Incluso en un momento como éste, cuando Estados Unidos podría finalmente verse obligado a reconsiderar su identidad, sus compatriotas hacen oídos sordos a sus bien fundados argumentos.

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Texto completo disponible en:
http://www.elmundo.es/2001/10/28/mundo/1065023.html

Más información:
http://www.vespito.net/mvm/prolvidal.html
http://www.libreopinion.com/accionchilena/gorevidal.htm

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